Sílvia Blanch: “La crianza es una responsabilidad de toda la comunidad”

Sílvia Blanch: “La crianza es una responsabilidad de toda la comunidad”

Entrevista feta per tiching a Sílvia Blanch, sòcia de l’Espai BES, (26 de novembre de 2015).

¿Qué es la crianza positiva?
Es un concepto que prioriza partir de las capacidades que ya tienen los padres para que cojan seguridad y confianza y así,  a su vez, los padres puedan criar a sus hijos bajo esta mirada respetuosa y capacitadora. En vez de buscar en el niño o en los padres todo aquello que deberían mejorar, se construye a partir de las fortalezas que ya tienen. Esto hace que los padres cojan confianza en vez de sentirse mal porque no lo hacen bien.

¿Por qué cree que los padres no tienen suficiente confianza en sí mismos?
La maternidad y la paternidad son situaciones que emocionalmente te desbordan. Conectas con tu vida de otra forma, con tu niño interior, con tus propios padres, etc. Las emociones toman el protagonismo y no siempre es fácil gestionar esto. Antes, además, existía un apoyo de la comunidad más ámplio. Ahora casi no hablamos con los vecinos.

Pero la crianza no es algo que incumba solo a los padres…
La parentalidad positiva parte de la idea que la crianza de los niños es una responsabilidad compartida. Es una cosa de todos, no solo de los padres o las madres, sino de cada persona y de toda la comunidad. En este sentido, la recomendación hecha en el 2006 (REC 2006, 19) por el Consejo de Ministros Europeos pretende que los gobiernos impulsen políticas, propuestas y servicios de apoyo a las familias en su crianza con este enfoque. En el libro “A criar fills se n’aprén?” profundizamos en esta práctica.

¿Qué pautas o ejes son los prioritarios en la crianza positiva?
La crianza positiva busca fortalecer a los padres partiendo de sus capacidades y dándoles apoyo. A nivel familiar, la crianza positiva promueve cubrir las necesidades de las criaturas: afecto, respeto, juego, tiempo, seguridad, participación, autonomía, descanso… Los adultos deben conocer y entender tanto las necesidades como las capacidades del niño para tener unas expectativas realistas. La crianza positiva favorece que los niños establezcan vínculos creados bajo amor, respeto, un entorno estable y seguro, un estilo de crianza basado en el afecto y la autoridad (establecer unos límites, unas consecuencias, etc.), confianza, el sentido del humor…

Criar a los niños y niñas requiere aprendizaje y tiempo, y de esto último muchas familias van escasas. ¿Aún se considera válido aquello de “menos tiempo pero de más calidad”?
Cada criatura es un mundo a descubrir y esto requiere tiempo. El tiempo y la calidad en la relación durante momentos compartidos es imprescindible para construir vínculos poderosos.
Pienso que esta frase nos deja a todos muy tranquilos, pero en realidad sabemos que no tiene sentido. Por ejemplo,  no es lo mismo poder estar sin prisas toda la tarde hasta la hora de dormir, que estar media hora intensiva. A veces, cuando el tiempo es tan reducido, hay una tendencia a que todo vale, “para un rato que estamos no nos vamos a enfadar”. Cuanto más tiempo estás con los niños, más oportunidades para conocerse mutuamente, para charlar, y como me decía una vez una madre, “hay tiempo de reírse, de enfadarse, y de reconciliarse otra vez”.

Y, ¿cuando no hay tiempo?
Cuando el tiempo es muy reducido, a veces, ese ratito se puede convertir en un momento donde hay que jugar a tope (se quiera o no) y pasarlo bien. O en un interrogatorio con un sinfín de preguntas, en vez de una conversación natural: “¿cómo ha ido el cole?”, “¿qué has comido?” ,“¿a qué has jugado? “¿con quién jugabas?”.  El niño que ya habla, nos irá contando a medida que le apetezca. Que tome sentido para él, no únicamente cuando a nosotros nos va bien.

No hay una solución mágica, ¿no?
El tiempo es importantísimo pero no es suficiente. El cómo nos relacionamos con los hijos es clave. Si tenemos a un adulto en el ordenador toda la tarde, físicamente  ha estado con sus hijos unas horas, pero en realidad, a nivel de atención y juego compartido, ha sido muy poco rico. Nadie está contento: ni el que está al ordenador, porque tiene constantes interrupciones, ni tampoco los niños, porque necesitan compartir sus juegos e intereses.
Recuerdo una historia que leí de un padre que por su trabajo no veía nunca a su hijo, pero para que el niño supiera que él estaba allí y que pensaba en él, cada noche, al llegar a casa, cuando el niño ya dormía, el padre ataba una gomita de pelo al final de la sábana para que, a la mañana siguiente, el niño supiera que su padre había estado allí para darle besos y cariño. ¿Es una situación ideal? No, pero en este caso, buscaron una manera entre muchas otras de, al menos, hacerle saber que estaba allí.

El sistema actual no favorece la crianza ni los lazos familiares debido a los horarios laborales de las familias. ¿El estado puede/debe tomar medidas al respecto?
Yo pienso que sí, tanto a nivel de tipos de contratos como de horarios que favorezcan la conciliación. También impulsando servicios y programas de apoyo a las familias. De hecho, como en muchos cambios, es la propia sociedad la que los está impulsando. Hay empresas que ya ofrecen más flexibilidad de horarios, horarios intensivos u horas de trabajo desde casa. También hay familias que se aprietan el cinturón y se organizan para poder estar con los hijos, aunque trabajen menos horas.

¿Hay algún país que podamos tomar como referencia, para comprobar que hay otra manera de hacer las cosas?
En Europa, un país como Noruega, por ejemplo, donde hay una baja maternal y paternal que permite estar con los niños hasta pasado el año. Luego, los horarios y los tipos de contrato permiten más horas para estar con la familia. Pero lo más importante es que el gobierno y la sociedad entienda que los primeros años son cruciales para el desarrollo psicosocial, emocional y cognitivo de los niños. Si pueden tener a su familia cerca y servicios donde los apoyen, como escuelas infantiles con horarios flexibles, espacios familiares, o grupos compartidos de familias; los resultados harán de estos niños unos adultos más sanos.

¿Qué tipos de programas de apoyo son los más eficaces?
Hay muchos tipos de programas, lo que es importante es que los grupos sean formados por familias que sientan que son iguales entre sí, y que haya un profesional, o un experto que conduzca a los grupos. Cuando una madre o un padre recomienda un remedio o solución a otro padre que está en su misma situación, le genera más confianza que si lo hace un experto. En la Fundación Jaume Bofill analizamos el programa Crecer en familia, con el que trabajamos el empoderamiento de las familias. Es un espacio de calma, de cuidado.

¿Qué resultados se obtienen con programas de apoyo a las familias?
Todos los programas que cuentan con evidencias científicas han demostrado resultados positivos en aspectos como: mejor clima familiar, menos discusiones, más confianza en establecer límites claros… Es decir, un mayor apoyo a las familias revierte en mejoras en la crianza en beneficio de los niños y de los propios adultos. También conocemos muchos otros programas que, a pesar de no tener investigaciones que los sustenten, tanto los profesionales como las familias expresan su utilidad en la mejora de la crianza y las competencias y  fortalecimiento del rol parental.

Los padres, ¿educan de la misma manera en que les educaron?
Es importante tener claro que las familias suelen reproducir las maneras de criar que han visto o vivido y esto es siempre limitado. En algunos casos son muy reducidas: si para decirme lo que se espera de mí me gritaban, quizás no se me ocurre otra forma de hacerlo y pienso que es la manera que funciona. O si querer significa comprar regalos, debo ver que se puede hacer de otros modos. Los programas de apoyo permiten abrir la posibilidad de ampliar otras maneras, estrategias, de empatizar con el niño, de analizar una situación desde otras perspectivas, de poder distanciarse a través de experiencias de otras familias.

¿Los cambios dentro del modelo familiar influyen en la nueva paternidad?
Los niños nacen para adaptarse a la cultura y el contexto familiar que les toca. En cambio, los adultos, a menudo, no nos planteamos nuestro rol de padres hasta el nacimiento de nuestros hijos. Hay muchas culturas con modelos diferentes, algunos patriarcales, matriarcales, comunitarios… Lo que cuenta es un ambiente estable y amoroso que cubra las necesidades básicas de salud, afecto y aprendizaje. Aquí, hace relativamente poco que estamos entendiendo que no existe “la familia” como tal, sino “las familias” como un concepto flexible, cambiante en el tiempo.

¿Existen muchos prejuicios al respecto?
Nuestras ideas preconcebidas nos crean dificultades para ser más comprensivos. Las ideas construidas sobre ser “buen” padre o madre a menudo chocan con la realidad. A veces por nuestra inexperiencia, por el ritmo que escogemos llevar, por las presiones del trabajo o las preocupaciones que acaban acaparando nuestro tiempo. Todo esto no ayuda al bienestar de la familia como contexto de seguridad y desarrollo.

¿Las motivaciones de los padres han cambiado?
Partimos de la idea que todos los padres lo hacen lo mejor que saben en la situación que viven. Actualmente,  por nuestro contexto y la presión social que hay, creo que hasta ahora nunca había habido tantos padres interesados en la crianza de sus hijos. Padres con ganas de saber sobre crianza, apuntados en foros, cursos, grupos de padres, libros, etc. Pero, a veces, hay tanta información que quizás con menos, pero con un rato para pensar cómo queremos ejercer de padres, sería más efectivo. Pensar: ¿qué límites serán los básicos? o ¿cuáles son nuestras prioridades? Así, habría menos presión y más confianza en el rol de padres. En este sentido, los grupos de crianza compartida, donde padres (con o sin sus hijos presentes) comparten con otras familias éxitos y preocupaciones acompañados por profesionales son un servicio muy potente.

¿Pueden las nuevas tecnologías intervenir de alguna forma en la crianza moderna?
Sí, es una herramienta más que facilita  información inmediata y la posibilidad de conectarse con otros padres con situaciones similares o con profesionales para recibir apoyo. Ahora bien, el uso de la tecnología puede llevar a leer mucho de forma tan superficial que, más que facilitar, dificulte porque genere más presión o tensión que ayuda. Definitivamente abre vías de apoyos para algunas familias, pero no para todas. No hay que perder de vista a las familias que están básicamente fuera del sistema y esta herramienta no les es útil.

Antes las familias se ayudaban más entre ellas. ¿Hemos perdido el sentido de comunidad?
Sí, pero podemos seguir recuperándolo de otra manera. Todo tiene ventajas e inconvenientes. Hoy somos más individualistas, pero hoy como nunca antes estamos mucho más tiempo con los niños. Aunque, a su vez, se necesita mucho más apoyo. Hay iniciativas de familias que crean espacios para niños y familias buscando este sentido de comunidad, se autoorganizan ante una necesidad. Es un ámbito que debemos seguir potenciando, porque las redes sociales son un aspecto clave del bienestar de las familias.

¿Cómo podemos recuperar ese conocimiento compartido?
Abrir los pueblos y ciudades a los niños, como promueve Tonucci. Incluir a las personas mayores en diferentes programas como voluntarios, si lo quieren. En grandes ciudades, hay que promover cada barrio como pequeños pueblos, para que la gente se conozca y se sienta incluida y necesaria en la comunidad.

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